Eastwood, el vaquero más auténtico que existió. 25 años de Los Imperdonables.

“Es una cosa terriblemente gigantesca matar a un hombre, le privas de lo que tiene, y de lo que ha de tener”.

El Western es quizá el género cinematográfico estadounidense por excelencia. Representa todo eso que el norteamericano promedio piensa que es su país: grandes extensiones de tierra, autodeterminación y libre uso de armas. Independencia total. Las producciones cinematográficas de vaqueros, siempre han gustado en tierras del norte, ya desde la primera que se rodó: El Asalto al Tren del Dinero, estrenada en 1903 y que configuró el género de vaqueros. Grandes figuras de la actuación se consagraron en este género: Gary Cooper, John Wayne y Gregory Peck, por solo nombrar un puñado. Rey indiscutido de la taquilla, su primer declive vino a finales de los años 50 y principios de la década del 60. Estados Unidos salía de su adolescencia política; la masacre que fue Vietnam y los movimientos pacifistas, ponían en entredicho un género en dónde los buenos y los malos se diferenciaban claramente.

El rescate vino del viejo mundo, cuando un director italiano llamado Sergio Leone, reinventó el cine de vaqueros. Su triada de Por un puñado de dólares (‘64), Por Unos Dólares Más (‘65), El Bueno, el Malo y el Feo (‘66) redefinieron para siempre lo que hasta el momento era un tipo de cine sin matices, emocionante, pero bastante predecible en su conjunto, con actuaciones memorables, pero héroes y villanos acartonados y sin mucha complejidad. Leone supo darle el tono cómico, ambivalente y autoparódico que hoy le conocemos a ese cine, y al que por venir de Italia, se le dio en llamar peyorativamente Spaghetti western. El protagonista de estas producciones fue un hasta ese momento, desconocido actor de televisión llamado Clint Eastwood, quién ganó notoriedad con este tipo de películas, lanzando su carrera actoral y convirtiéndole con el tiempo en uno de las estrellas más reputadas de Hollywood. Su personaje del extraño sin nombre incluso llegó a inspirar a Rolando de Gilead, protagonista principal de la serie de libros de La Torre Oscura, de próximo estreno en salas de cine.

Eastwood, ha tenido una dilatada carrera como actor y director, y es precisamente como director como le convocamos hoy. Su más icónica y exitosa producción cinematográfica, Los Imperdonables (The Unforgiven) se estrenaba un día como hoy hace 25 años. Este largometraje se encuadra en la última y quizá más artísticamente lograda etapa del Western: el llamado Western Crepuscular, subgénero que pone en tela de juicio todos los lugares comunes de las películas de vaqueros y en contraposición, muestra al otrora gran guerrero y pistolero invicto, como un héroe cansado, nostálgico de todo lo perdido, lejos de la pulcritud de sombrero y traje blanco, resignado a desaparecer. Personajes acabados, como el género mismo. En Los Imperdonables, en donde Eastwood se dirige a sí mismo, interpreta a William Muny, un antiguo pistolero, famoso por su efectividad y sangre fría, quien retirado se ha transformado en granjero apacible, padre devoto de dos, viudo y que afujías económicas ponen de nuevo en el camino de las armas.

Ensillado el caballo de nuevo y aceitadas una vez más sus armas, Munny se encamina en pos de una recompensa de 1,000 dólares, ofrecida por un grupo de prostitutas a cambio de castigo para dos sujetos que desfiguraron a una de ellas. Lo que sigue es parte de la Historia del cine, 4 premios de la academia, incluyendo mejor película en 1992, y la consideración de la crítica especializada como uno de los mejores de la cinematografía del siglo XX; le acompañan en esta gran producción Morgan Freeman, de todos conocido, Gene Hackman, actor veteranísimo de mil batallas y Richard Harris, quién aparece tan poco en pantalla, que es casi un cameo. Los Imperdonables, junto con Django sin cadenas (2012) y los 8 más odiados (2015) son quizá los últimos grandes del género clásico, que a punto está de desaparecer. El Olimpo de los dioses del Western ha reservado para esta gran película un sitial de honor, un clásico que vale la pena volver a ver.

 

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  • Andres Vargas

    Historiador profesional, educador, obsesionado por el cine y la literatura. No hay nada más hermoso que un film con trasfondo histórico y que esté basado en una obra literaria.

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