Los Muchachos Perdidos: cuando los vampiros si daban miedo de verdad.

“Dormir todo el día. De fiesta toda la noche. Nunca envejecer. Nunca morir. Es divertido ser vampiro.” – David (Kiefer Sutherland)

El film Los Muchachos Perdidos (Lost Boys) se estrenaba un día como hoy, hace 30 años. Un largometraje que aborda la temática de los vampiros, pero desde una mirada más contemporánea, alejada del prototipo del nosferatu clásico y más cercana al alborotador ochentero. Para la generación actual, los llamados milennials, el referente del vampiro es esencialmente el de un metrosexual andrógino, de tono pálido, poco diálogo, sin apenas apetito por la sangre, y que se enamora de muchachas inexpresivas. En contraste con esta versión del vampiro light, nuestra generación (los que pasamos de los 30 años) sí tuvo en Lost Boys el modelo de vampiro que mataba y chupaba sangre, que de verdad daba miedo.

Esta producción nace después de que a los guionistas se les ocurre la idea de una versión vampirizada del clásico de James M. Barrie, Peter Pan. De hecho, el título original de Los Muchachos Perdidos es una referencia directa a la obra de Barrie, (los chicos que nunca envejecen); pero ahí termina el nexo, ya que, alejado del clásico infantil, esta película tiene un tono más sexualizado y tenebroso. No en vano hay cierta semejanza con Los Goonies (1985), en cuanto al grupo de chicos que entablan una cruzada ante la incredulidad de los adultos que les rodean.

Esta producción trajo consecuencias en las carreras de sus actores: lanzó la carrera cinematográfica de Kiefer Sutherland (el popular Jack Bauer de 24), quién hacía el papel de vampiro líder de la manada, salvaje y atrayente a la vez, con desinencias de Brando en El Salvaje (1953); y de los ídolos adolescentes conocidos como los dos Coreys (Feldman y Haim), que por ese entonces eran el amor de todas las chiquillas que suspiraban de amor por ellos, y que unen fuerzas en la película para evitar que todos en el pueblo se conviertan en vampiros.

Con una banda sonora espectacular, que enlaza con ese tono feroz del argumento del film, Lost Boys es un largometraje esencial en el cine de los 80, y que junto con Drácula de Coppola (1992) y Entrevista con el vampiro (1994) –aunque aquí ya la cosa se empezaba a poner rosa– han sido los últimos trabajos de calidad en lo que se refiere a chupasangres. Si bien tuvo dos secuelas, éstas estuvieron muy lejos de alcanzar el impacto de la producción original. Por todo esto les deseamos Bon anniversaire, creaturas de la noche.

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  • Andres Vargas

    Historiador profesional, educador, obsesionado por el cine y la literatura. No hay nada más hermoso que un film con trasfondo histórico y que esté basado en una obra literaria.

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